Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de mayo de 2008


LA PLANIFICACIÓN DE LA CIUDAD ROMANA
La típica ciudad colonial romana del periodo final de la república y del pleno imperio tuvo una planta rectangular similar a la de los campamentos militares romanos con dos calles principales -el cardo (de norte a sur) y el decumano (de este a oeste)-, una cuadrícula de pequeñas calles que dividen la ciudad en manzanas y un perímetro amurallado con puertas de acceso. Las ciudades anteriores a la adopción de este tipo de planificación, como la propia Roma, conservaron el esquema laberíntico de calles sinuosas. El punto focal era el foro, por lo general situado en el centro de la ciudad, en la intersección del cardo y el decumano. Este espacio abierto, rodeado de tiendas, funcionó como el lugar de reunión de los ciudadanos romanos. Fue además el emplazamiento de los principales edificios religiosos y cívicos, entre ellos el senado, la oficina de registro y la basílica, que consistía en una gran sala cubierta, flanqueada por naves laterales, con frecuencia de dos o más pisos. Las basílicas romanas albergaban las transacciones comerciales y los procesos judiciales, pero este edificio se adaptó en tiempos cristianos, convirtiéndose en la tipología de iglesia occidental con un ábside y un altar al final de la nave mayor. Las primeras basílicas se levantaron a comienzos del siglo II a.C. en el propio foro romano, pero es en Pompeya donde se encuentran los ejemplos de basílicas más antiguas y mejor conservadas (c. 120 a.C.).

Tres aportes fundamentales de tipo cultural intervinieron en la arquitectura romana: el etrusco del norte, el griego del sur y el autóctono de su pueblo semiprehistorico de campesinos lacios, los “derramares”, que construían sus aldeas sobre dos calles perpendiculares como o hicieron después los romanos al fundar sus ciudades trazando en cruz el “cardo” y el “decumano”, las dos vías principales. Las ciudades poseían una cuidada infraestructura: alcantarillado, lavatorios públicos, pavimentación, etc. El suministro de agua obligaba, a menudo, a construir complicados sistemas de conducción, salvando los desniveles del terreno (acueductos como el de Segovia o el de Pont du Gard, que era puente y acueducto a un tiempo). Caminos y calzadas comunicaban entre sí a las ciudades más importantes y a éstas con la capital del Imperio, Roma. El foro era el centro neurálgico de la ciudad, pero podía haber más de uno; en él se ubicaban la basílica, que hacía las funciones de tribunal, bolsa comercial o de lugar de reunión; monumentos conmemorativos (columnas como la de Trajano, estatuas de emperadores, arcos triunfales) y templos.


Diego Mariño y Pablo Fernández

viernes, 4 de abril de 2008

La comedia de la olla

Aulularia o La comedia de la olla es el título de una de las comedias más conocidas del autor latino Plauto.

Euclión, un viejo avaro, encuentra una olla llena de dinero y vive en el costante terror de que le sea robada. De hecho es descubierta y robada por el esclavo de Licónide, joven enamorado de la hija del viejo; pero la muchacha es prometida a un viejo pudiente, Megadoro, que tiene intención de desposarla también sin dote. Cuando al desesperado Euclión vió recuperada su olla, consentirá la boda entre el joven y su hija, hecha madre hacía tiempo por el mismo Licónide.

La comedia presenta un prólogo que aparece como un monólogo externo a la comedia propiamente, pues el personaje que participa no es coherente con los otros personajes.

Los principales personajes son Euclión, Megadoro, Licónide y Estróbilo.

Toda la obra está situada en la capital helena, Atenas.

Pedro Viaño Nogueira.

Plauto


Plauto (254 adC - Roma, 184 adC):

Plauto fue un gran comediógrafo latino. Si bien se le atribuyeron hasta 130 obras, ya en el siglo I se redujeron a las 21 que se tienen por auténticas, separando de este grupo otras que se debían a sus imitadores.

Plauto se inspiró en los autores de la Comedia nueva griega. No sólo se limitó a traducir, sino que adaptó los originales al gusto romano e introdujo canciones y danza (por ejemplo, la danza de esclavos y de cocineros en la Aulularia). Por eso en muchos textos plautinos se contienen indicaciones escénicas.

Plauto usa un rico y vistoso lenguaje de nivel coloquial que no elude la obscenidad y la grosería.

Las obras de Plauto son menos refinadas pero más cómicas que las griegas. Sus personajes son los mismos que en las comedias griegas: jóvenes alocados y calaveras, cortesanas, alcahuetes, flautistas, traficantes de esclavos o leni, esclavos diabólicamente astutos que sacan siempre las castañas del fuego a sus señores, comerciantes, viejos verdes y gruñones, parásitos, soldados fanfarrones, etc.; el argumento estaba lleno de situaciones de enredo, engaños y confusiones. Pero Plauto añade variedad y originalidad a los temas y a los personajes siempre con la intención de hacer reír al público romano.

La obra de Plauto influyó en la comedias medievales y en las comedias humanísticas . Hay mucho de Plauto, por ejemplo, en El avaro de Molière y en las comedias de Shakespeare.

Pedro Viaño Nogueira.